El pan en la dieta mediterránea: un alimento nutritivo y delicioso

La dieta mediterránea está reconocida como la más equilibrada y saludable. Se basa en tres pilares fundamentales: el cereal, el aceite y la uva y sus derivados. Son muchas las formas en las que podemos procesar el cereal para su consumo. Pero, sin duda, la más popular y apreciada es el pan. Quizás, el alimento más antiguo, el más celebrado en ritos y ceremonias y el que ha sido en muchos casos la salvación ante el hambre o la escasez. El pan en la dieta mediterránea cumple, por tanto, una importante función alimenticia y es, además, el gran compañero de nuestra gastronomía.

Ya en la prehistoria, se mezclaba un tipo primitivo de cereal molido y seco con agua y se cocía sobre una piedra caliente. Los egipcios fueron los primeros en fermentar la masa con levadura, lo que le confería, no solo ligereza, sino también un mejor sabor. En la antigua Grecia, el escritor Ateneo de Náucratis habla de 72 formas diferentes de hacer pan y el oficio de panadero es reconocido y relevante.

Durante el reinado de Augusto en Roma, había 328 panaderías reguladas por algo similar a lo que hoy en día conocemos como gremios. A partir de ese momento y hasta la actualidad, el consumo del pan no hace sino aumentar y generalizarse, llegando a convertirse en el alimento más importante y fundamental en prácticamente todas las culturas del mundo.

El pan en la dieta mediterránea aporta principalmente los hidratos de carbono esenciales para tener energía. También es una importante fuente de fibra (sobre todo si es integral) y tiene vitaminas, minerales y proteínas. Muy pobre en grasas y las que tiene son saludables, todos los expertos coinciden en que comer entre 150 y 200 gramos de pan, repartido a lo largo del día, es recomendable para cualquier dieta equilibrada.

Solo en España están reconocidas unas 315 variedades de pan

Actualmente y solo en España tenemos alrededor de 315 variedades de pan. Cada zona geográfica elabora panes con características propias que provienen de una tradición y un oficio milenarios. Entre las más conocidas, la hogaza, propia de la zona de Zamora y León, aunque se puede encontrar en panaderías tradicionales en todo el país y el «pá de pagés», de Cataluña.

Gracias a la introducción de nuevos cereales en su elaboración, como el trigo sarraceno o la quinoa, de nuevos ingredientes, como frutas, semillas o especias, y de nuevas técnicas que permiten amasar panes más sabrosos y crujientes, el pan en la dieta mediterránea se ha convertido en mucho más que la barra de cuarto, es el complemento perfecto de la cocina de vanguardia.

Son muchas las recetas que tienen como base el pan. En las tostas y bocadillos es el ingrediente principal y se acompaña de diferentes ingredientes, dulces y salados, fríos o calientes, para formar mil combinaciones diferentes.

El pan es el ingrediente principal de muchas recetas dulces y saladas

También en los aperitivos es fundamental, para acompañar a los patés y a los quesos y embutidos. Es el protagonista absoluto de las migas, sazonado con pimentón y aceite de oliva y enriquecido con tocino, panceta o longanizas. El pan, en este caso de molde, es esencial en preparaciones frías como pasteles salados, en los que se cubre de mayonesa o queso cremoso.

En cuanto a elaboraciones dulces, las torrijas son, sin duda, un ejemplo claro de que el pan, incluso el que no es reciente, puede convertirse en un manjar. Incluso para hacer pudding: de chocolate, café, vainilla, manzana, caramelo… ¡Un postre delicioso, sano y muy económico!

En Manumar ofrecemos un variado surtido de panes, desde la tradicional baguette suprema, hasta el pan de siete cereales, pasando por los panecillos de colores Happy Buns, aromatizados con curry, albahaca o tomate. Y es que el pan, como la gastronomía, evoluciona y se transforma en alimento gourmet y es un campo de investigación sin límite para la creatividad y la innovación.

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